Los Platillos de los Emperadores Aztecas

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http://www.degustar.com.mx/articulos/historia-y-anecdotas/los-platillos-de-los-emperadores-aztecas/ Escrito en Cultura, Destacadas, Historia y Anécdotas

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La riqueza natural de Mesoamérica es una de las principales fuentes de esa tradición tan rica que es la comida mexicana. Sin embargo, desde antes de que los ingredientes del Viejo Mundo cruzaran el océano para llevar a cabo el mestizaje que la caracteriza, las recetas de estas tierras ya eran verdaderos deleites.

Antes de la llegada de los españoles, cuando el imperio Mexica estaba en plena gloria, no sólo se nutría de lo que cultivaban sus campesinos, sino de muchos otros alimentos que llegaban como tributo de las regiones conquistadas más lejanas, al Cem Anáhuac, el corazón del Único Mundo.

Entre estos tributos estaba, en primer lugar, el cacao, pero también muchas frutas tropicales, tabaco y animales. De los lagos sobre los que se asentaba la ciudad se obtenían pescados y cultivos de las chinampas, y las tierras daban como fruto frijoles, chía o chile y eran hogar de conejos, venados y guajolotes.

La alimentación de todo el pueblo azteca se basaba, primordialmente, en estos ingredientes, sin embargo, como es de suponerse, la clase gobernante gozaba de muy sabrosos privilegios.

Cuentan los cronistas que a Moctezuma se le solían preparar más de treinta guisados para cada comida, de modo que pudiera elegir aquello que se le antojaba. Todo estaba caliente, para ser servido cuando él lo deseaba e incluía la inmensa riqueza de la región. Se dice que había platillos de guajolote, de faisanes, de codornices, de patos domésticos, patos salvajes y que, en fin, las aves que se le preparaban eran tantas que sería imposible nombrarlas todas.

Las tortillas con que acompañaba sus alimentos eran, por supuesto, hechas al momento y las frutas poblaban también su mesa, tanto las originarias del centro del país como las de las regiones más lejanas.

El chocolate fue uno de esos raros privilegios dentro de la sociedad indígena. Sólo los nobles lo tomaban y para el pueblo, los macehuales, no era sino una moneda. La bebida solía estar endulzada con miel, llevaba vainilla y podía estar aromatizada con alguna flor. La calidad de esta bebida era puesta en relieve al presentarla a la mesa del emperador en copas de fino oro, que impresionaron mucho a los cronistas españoles.

Otro platillo propio de la nobleza fue la nieve, que era traída de los volcanes y endulzada con miel o con algunas frutas; el esfuerzo que suponía tenerla en la mesa en una época en que no había medios de refrigeración significó que fuera un alimento exclusivo de los emperadores.

En general, los gobernantes mexicas comían a base de los mismos ingredientes que su pueblo, lo que caracterizó especialmente sus mesas fue la amplísima variedad de platillos y, al mismo tiempo, la inclusión de ingredientes exóticos venidos de tierras lejanas.

Se dice que había la costumbre de invitar a los grandes guerreros y a los nobles a compartir la mesa del emperador. Sin duda esto debió variar de acuerdo a los gustos individuales del gobernante, pero lo que queda claro es que la tradición invitaba a compartir los alimentos con un grupo numeroso.

Las fiestas imperiales solían incluir banquetes muy abundantes, en los que se comían frijoles –como en todas las clases sociales prehispánicas-, verduras, aves poco comunes en la mesa indígena por su rareza o su dificultad de ser cazadas y otros animales, como venados o jabalíes, que exigían una inversión más importante que la que requerían las carnes habitualmente consumidas por el pueblo, como la carne de los perritos o la de los guajolotes. La miel fue oro también para los mexicas y solía ser parte de la riqueza gastronómica de la cocina imperial.

La riqueza y variedad de la mesa del emperador azteca había de sorprender a los soldados españoles y aún en nuestros días no dejan de ser impresionantes las cantidades y el tesoro de sabores que llegó a tener la mesa de los hombres más poderosos del Único Mundo: los emperadores aztecas.

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