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El Pinole

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http://www.degustar.com.mx/gastronomia-del-mundo/cocina-mexicana/el-pinole/ Escrito en Cocina Mexicana, Destacadas, Historia y Anécdotas

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Desde épocas prehispánicas, los indígenas mexicanos disfrutaban de la nutrición del maíz a través del práctico y muy rico Pinole. Se dice que esta forma de preparar el maíz es incluso más antigua que la tortilla; lo cierto es que fue un alimento muy conveniente para los pueblos prehispánicos, pues proporcionaba energía y era de fácil preparación y consumo.

Los mensajeros indígenas, los guerreros, los comerciantes, todos aquellos que recorrían largas rutas, solían llevar con ellos este polvo que resultaba ligero y nutritivo. En aquellos tiempos, el Pinole era, como hoy, maíz molido que se hacía un fino polvo y se dejaba secar. Sin embargo, entonces no se le agregaba ninguna clase de endulzante como suele hacerse en nuestros días.

Pinolli significa en náhuatl, simplemente, harina de maíz.

Fue en la época colonial cuando se le comenzaron a agregar sustancias como el azúcar, la canela o el cacao, convirtiéndolo así en un postre que se volvió muy popular entre las clases sencillas de la Nueva España. Aunque esta práctica se conserva, los sabores agregados deben ser muy ligeros, ya que el sabor característico del Pinole es muy suave y queda fácilmente opacado por los ingredientes que se le añaden.

Hoy, el Pinole ha perdido mucha de su popularidad, sin embargo, hay quienes lo siguen consumiendo y disfrutando en atoles, aguas frescas o simplemente en polvo, como se hacía antiguamente.

Se dice que la variedad más sabrosa del Pinole es la elaborada con maíz azul, pero es raro encontrarla y un tanto difícil de conseguir. En otros tiempos, incluso se dieron casos en los que los vendedores teñían de azul el Pinole de maíz blanco, engañando así a su clientela.

En algunas regiones indígenas, como la Sierra Tarahumara de Chihuahua, los pobladores  cuecen el maíz y posteriormente lo tuestan en el comal, para después molerlo y endulzarlo con miel. En las largas carreras que los indígenas rarámuris solían hacer a través de la sierra, llevaban consigo Pinole. Al mezclarlo con agua obtenían una bebida no sólo refrescante sino muy nutritiva y energética, que además les ayudaba a saciar el hambre.

Esta antigua receta se ha convertido en una excelente opción para mejorar la nutrición de los pueblos indígenas e incluso se le ha mezclado con otras semillas para elevar su contenido nutricional, ya que muchas etnias aún la conservan como parte de su dieta tradicional.

Siguiendo el método tradicional de preparación, que es el tostado y molido de los granos de maíz, el Pinole es una excelente opción para conservarlos, ya que si no está en contacto con la humedad puede durar muchísimo tiempo.

Para preparar el Pinole basta con poner a tostar maíz en una cazuela de barro o un comal, hasta que los granos tomen un tono dorado. Posteriormente, muélelo en la licuadora y agrega azúcar o piloncillo al gusto. También puedes añadirle almendras molidas, canela, chocolate en polvo e incluso cáscara molida de naranja –previamente puesta a secar-.

Si decides prepararlo en atole o agua fresca, el Pinole es delicioso, pero no te pierdas el placer de comerlo en polvo; el Pinole, como dice Alfonso Reyes, es una golosina que “se encuentra en los límites de la materia, a punto de confundirse con el vaho”. Explora esta presencia dulce y ligera del cereal más emblemático de la tierra mexicana.

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